ENTREVISTA SOBRE VEGANISMO EN FM LA TRIBU

   

Agradecemos a Paulo de la revista Refugio de Monos y del programa Refugio de Bípedos , que nos invitó al programa de la Flía. en FM La Tribu para hablar un poco sobre nuestra postura.

Terminamos leyendo uno de los cuentitos del proyecto CUENTOS PARA CACHORROS HUMANOS. Le tocó el turno a  “Juana, la jirafa ajirafada”.

Bueno, acá está el audio de la entrevista: <<<audio >>>

Si quieren escuchar el programa completo: <<<audio>>>

Y aquí les adjuntamos el cuentito. Ya les iremos contando novedades.

Quien lo quiera en versión impresa económica, puede contactarse a zoomorfosis@fibertel.com.ar . El costo será de $4 y todo lo recaudado se destinará a realizar más copias y difundir el mensaje.

También nos permitirá tener ejemplares para donar.

JUANA, LA JIRAFA AJIRAFADA

Texto: Marisa Cupaiolo

Ilustraciones: Adriana Lavagnino

Juana, era la más alta de todas las jirafas. Era una jirafa ajirafada.

Ya estaba un poco –bastante- cansada porque nunca pasaba desapercibida. ¡Che Juana! ¡Hola Juana! ¡Chau Juana!. Se escuchaba a lo lejos, a lo cerca y a lo intermedio. Lechuzas, coatíes y algún que otro jaguareté, la saludaban todo el tiempo.

Probó entonces camuflarse  debajo del sombrero de plástico reciclado, que todas las jirafas usaban para cuidarse del sol. Pero no hubo caso ¡Che Juana que lindo sombrero! ¡Hola Juana que lindo sombrero!. ¡Chau Juana que lindo sombrero!. Loros, jabalíes y algún que otro mono carayá le decían a cada paso.

Desilusionada, intentó entonces cubrirse todo el cuerpo con una manta que le había tejido Mara, la araña punk. La manta era muy larga, negra y roja a rayas, de un tejido suave pero resistente al mismo tiempo.¡Che Juana! ¿Qué te pusiste? ¡Hola Juana! ¿Qué te pusiste?. ¡Chau Juana! ¿Qué te pusiste?. Gatos monteses, boas  lampalaguas  y algún que otro tatú carreta le decían todo el tiempo.

Justo cuando de los ojos de Juana empezaban a brotar muchas gotitas saladas, apareció Tigreso, sigiloso y elegante.

- ¡Hola Juana! –dijo de imprevisto y sonoro.

- ¡Ay che, me asustaste!. No te escuché llegar.

- ¿Estás llorando?

-  …Ay,  Tigreso, es que no tengo mucha intimidad. Mi cuello es tan largo que todos me ven todo el tiempo… ¡Cómo me gustaría ser como vos, casi imperceptible!

-JaJaJa –sonríó pausadamente y con voz de locutor- A mí me gustaría tener tu cuello para poder ver todo de una. ¡Cuánto tiempo me ahorraría!.

-Che Tigreso… ¿Y si cambiamos de cuello?

-¿Te parece?... ¿Ahora?... ¿Estás segura?

-Dale, probemos. Al menos por un día a ver que onda. Mañana a esta misma hora nos los devolvemos. ¿Dale?

- …Dale.

Y ahí nomás cambiaron de cuello.

Tigreso no podía creer qué hermosa y precisa visión tenía de todo. Y Juana estaba encantadísima, podía apoyar su cabecita loca sobre el pasto y chusmear los aromas y colores de esas  pequeñas flores que nacían al ras de la tierra.

-¡Chau Juana, nos vemos mañana!.

-¡Chau Tigreso, nos vemos!.

Pero no todo resultó como esperaban. Juana no podía alcanzar las hojas más verdes y frescas que acostumbraba comer, esas que estaban en los árboles más altos. Las hojas de aquí abajo tenían un gusto raro y  Laura, la rana chusmeti, le había gritado que tenga cuidado porque algunas plantas eran tóxicas. Le dijo los nombres, pero al rato Juana se los había olvidado. ¡Qué mal! Todo acá abajo era oscuro y húmedo. No paraba de estornudar. ¡Achus, achus!

A Tigreso tampoco le iba muy bien. Se chocaba a cada rato con ramas, ramitas y ramotas. Le salieron chichones de todos los colores. ¡Su cara era una paleta de pintor! Se la pasó corriendo toda la noche escapando de un cazador furtivo que no podía creer lo que veía. Asustado y cansado – Tigreso ya no era tan joven- quiso esconderse en la cueva comunitaria de Andrea, la comadreja solidaria, pero no pudo. Tampoco logró trepar los árboles. Es que su largo cuello quedaba enganchado todo el tiempo. ¡Uf!

Por suerte, se le ocurrió tirarse detrás de unos arbustos frondosos,  panzones de flores gigantes. Así, logró despistar al cazador. Y con la oreja en la tierra y respirando despacito se quedó dormido. ¡Al fin pudo descansar!.

En cambio Juana no pudo pegar un ojo. Su pancita hambrienta hizo millones de sonidos y soniditos raros y raritos toda la noche. No podía sostener los párpados.

Por suerte para Tigreso y para Juana, era verano, así que se hizo de día pronto.

Al primer rayito de sol, salieron corriendo a encontrarse. Al verse se dieron un abrazo laaargo -de telenovela- y rieron. Mucho. ¡Nunca antes habían deseado tanto ser ellos mismos!.

Mientras se devolvían sus respectivos cuellos, se contaron las desventuras vividas y rieron. Mucho.

-Chau Juana –dijo Tigreso perdiéndose sigiloso, elegante y feliz entre los arbustos- la próxima vez, no te hago caso ¿Dale?

Y ambos rieron nuevamente, pero esta vez, como locos.

Juana siguió con su rutina, pero ya sin camuflarse.

Saludó alegremente a cada uno de sus vecinos, disfrutó del sol y saboreó como nunca, las hojas verdes que tanto le gustaban, esas que crecen en los árboles más altos, donde las ramas se tocan apenas con alguna nube.

CONTRATAPA:

Muchas veces, los medios masivos de comunicación, algunos amiguitos, incluso muchos familiares, nos hacen sentir que los demás son “más lindos”, “más altos”, “más flacos”, “más inteligentes”, “más ágiles”… “más”…

Ese estar mirando al otro todo el tiempo, en constante competencia y comparación, nos hace olvidar de nosotros mismos y nos lleva a no valorarnos.

TODOS los animales, chanchitos, gatos, humanos, perros, pollitos, vacas, somos seres únicos e irrepetibles. Lo que nos iguala es el deseo de ser respetados.

Así que aprender  a querernos y respetarnos, nos ayudará a aprender a respetar a los demás, sean de la especie que sean (humanos o  no humanos) sean de la raza que sean (amarillos, rojos, blancos, negros, ¿qué importa?) sean del sexo que sean.

Yo ya lo aprendí, vos ahora ya lo sabés.

Esto de andar cambiando de cuello…¡no está bueno!.

Juana

Jirafa Ajirafada

   

   
   
       
       
 
   
   

 

 

 

 

 

 
 
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